Blog de la facultad de Ciencias Sociales y Humanas

LAS SEMILLAS TRANSGÉNICAS COMO MECANISMO DE NEGOCIO

Por: giovannysimbaqueba

Por: Jorge Eliecer Alfaro

Pueblo Arhuaco Sierra Nevada de Santa Marta

Estudiante de Sociología , Quinto semestre

Cuando todo es convertible, y cuando la confianza depende de monedas y cauris anónimos, esto corroe las tradiciones locales, las relaciones íntimas y los valores humanos, y los sustituye por las frías leyes de la oferta y la demanda” (Harari, 2014. Pág.209)

La implementación de las semillas transgénicas (organismos genéticamente “modificados”) es un mecanismo de negocio donde los beneficiados son los dueños de las grandes transnacionales y las demás poblaciones del mundo son peones en su tablero de ajedrez. Los productores de alimentos están obligados a hacer uso de las semillas transgénicas ya que así lo manda la empresa transnacional y las normativas regionales, pero al mismo tiempo mantener estos cultivos requiere implementos como herbicidas e insecticidas que se deben comprar en el mercado. Dichos productos son propiedad de las mismas transnacionales que producen las semillas transgénicas. Sumado a esto, el impacto negativo que este tipo de cultivo genera al suelo, produciendo un desequilibrio en el ecosistema. Los afectados directos de la adopción de este sistema de producción agrícola son la población campesina y la población indígena.

Los organismos genéticamente modificados (OGM), surgen en el siglo XIX con la implementación de la teoría Darwiniana sobre la evolución de la especie en el mundo científico. Darwin se inspiró en Malthus, quien decía que ningún incremento del alimento disponible podría compensar la forma como crecía la población y por lo tanto, el hambre y las guerras jugarían un papel importante para que sobreviviera el más apto. Fue bajo esta lógica, que se empezó a impulsar las semillas transgénicas para alimentar a una población que crece cada día más. Luego, a mediados del siglo XX, Francis Crick (1970) afirmó que todos los procesos biológicos están determinados por los genes, de tal modo que se podría hacer control de la plaga en un cultivo de maíz, introduciendo un gen para que la planta produjera su propio insecticida (Bravo Elizabeth. 2014).

En el siglo XX se empiezan a desarrollar las ciencias médicas y agrícolas con el fin de impulsar las semillas transgénicas, prometiendo que las plantas al producir su propia defensa lograrían que fuera innecesario el uso de insecticidas, herbicidas y hasta se dejaría de usar fertilizantes (Aparisi Ángela. 2007); es así, que la manipulación genética consiste principalmente en alterar la estructura molecular del ADN, introduciendo genes provenientes de otros organismos por medio de la ingeniería genética. Es así, que hoy en día la producción de semillas transgénicas a nivel mundial está dominada por Monsanto, Down, Pioneer, Bayer y Basf, los cuales también controlan el 76,1% del mercado de agroquímicos a nivel mundial. Pero también, estas 5 empresas controlan el 59,8% del mercado de las semillas y es por eso que esas semillas tienen propiedad intelectual (Leon Xavier. 2014).

Con la implementación de semillas transgénicas, el modelo de producción agroindustrial se ha especializado cada vez más en producir alimentos como por ejemplo: soya, banano, cacao y café, a grandes escalas (monocultivo) sin importar los impactos que generen en la población y en el territorio. La producción de alimento no está destinada totalmente para el consumo humano, sino también para la alimentación de los animales, y es curioso ver como también cada día se están desarrollando animales con mayor potencial de producción de carne; aquí lo que realmente importa es vender cada vez más, en otras palabras, se une el mercado del cultivo con el mercado de la producción de carne con un mismo objetivo: lucrarse cada día más. Tal es así, que en América Latina algunos países se han empeñado en promover este modelo de producción, descuidando a la comunidad campesina y actores sociales que contribuyen a la alimentación en el país (Leon Xavier. 2014).

Actualmente existen dos posiciones bien marcadas con respecto a las semillas transgénicas; unos apoyan al mercado, destacando las ventajas y aplicaciones en torno al debate sobre las afectaciones que causa en la salud, también dicen que la manipulación genética no genera cambios significativos en la planta y que las semillas que se comercializan están pensadas para que no impacte negativamente en la salud de las personas. En todo caso, con respecto al impacto que puede generar en la salud de las personas, los investigadores aún no han podido establecer si va a generar efectos nocivos a largo plazo (Pareja Enrique. 2002).

Por otro lado, están los que desconfían seriamente de las nuevas técnicas y creen que si impacta en la salud; un grupo de científicos austriacos hicieron experimentos con ratones de laboratorio alimentándolos por tres generaciones con maíz transgénico de Monsanto y notaron que 1.016 genes habían sufrido alteraciones (Bravo Elizabeth. 2014) y esto se debe a que los genes incorporados en el ADN de las plantas codifican nuevas proteínas, lo que genera cambios en el organismo humano. La Academia Nacional de Ciencias y la Organización Mundial de la Salud, también ha dicho que el consumo de productos de origen transgénico genera reducción de espermatozoides en los hombres (Bonilla Francina, Pachon Natalia. 2000). Otros simplemente opinan que la introducción de nuevos genes en los alimentos puede generar impactos negativos imprevisibles.

Estos debates son más de carácter médico, pero no veo razón para no pensar que el consumo de alimentos de origen transgénico no genera impactos negativos, la siembra con semillas transgénicas requiere de otros productos que están en venta en el mercado y coincidencialmente son productos de propiedad de la misma empresa que produce las semillas transgénicas, y si no se hace uso de estos productos en el cultivo la producción también baja. De esta forma, el agricultor está obligado a comprar. Pero lo más curioso en el caso de la salud humana es que gran parte de los medicamentos también son de propiedad de las mismas empresas.

Se ha visto en muchos debates realizados entre las personas que apoyan y rechazan el uso de semillas modificadas genéticamente, argumentos situados en términos económicos, es decir, si el uso de semillas transgénicas es rentable o no (Pareja Enrique. 2002). El otro argumento es que estas prácticas van a solventar las necesidades de alimento a nivel mundial y que la producción será mayor por cada extensión cultivada, pero estas promesas no han sido muy efectivas; más allá de la rentabilidad económica de las semillas transgénicas, se ha visto que los procesos de implementación han llevado a otros problemas sociales. Actualmente más de la mitad de la población mundial sufre de hambre, de malnutrición, de desnutrición y los pequeños productores, es decir, los campesinos, han sido los mas afectados. El problema actualmente no es la cantidad sino el acceso a los alimentos (Leon Xavier. 2014).

Es cierto cuando Arturo Escobar (2014) dice en su libro “la invención del desarrollo”, que las estrategias implementadas para contrarrestar el hambre han agravado el problema; los países que antes contaban con autonomía alimentaria, actualmente se ven en la obligación de importar gran parte de los alimentos que consumen, y además, adoptan los modelos de producción de los países “potencias”, los cuales no están pensados para solucionar los problemas alimenticios de la población. El impacto que genera esta semilla va más allá de la economía, el medio ambiente funciona de forma estructurada con cada uno de los elementos que la conforman y el humano no es independiente de ella (Aparisi Ángela. 2007).

También se ha visto que la siembra de las semillas transgénicas contamina genéticamente a las plantas no transgénicas o a los parientes biológicos, como se ha reportado en américa latina con el maíz. En este caso, la contaminación de semillas de maíz nativo puede tener impactos a largo plazo ya que este, al estar en constante hibridación, puede empezar a integrar en su organismo los genes transgénicos (Bravo Elizabeth. 2014). Aquí cabe hacer una pregunta: ¿Les importa a los productores de semillas transgénicas cuidar a las semillas nativas? claro que NO, para ellos los cultivos con semillas nativas no son rentables para alimentar a toda la población humana, pero lo más importante, como los cultivos con semillas nativas son autónomos y no dependen de la aplicación de productos químicos, no son rentables economicamente para los intereses privados y por eso prefieren que toda la población empiece a hacer uso de las semillas transgénicas.

En el mundo básicamente se tienen cultivados dos tipos de transgénicos: las plantas que son resistentes a los herbicidas y los que tienen resistencia a las plagas. Las plantas resistentes a las plagas, a la vez que controlan la plaga, también matan insectos benéficos como los insectos polinizadores y los insectos que hacen control biológico, este impacto ya se ha podido ver en zonas donde hacen cultivos con semillas transgénicas a grandes escalas donde ha empezado a disminuir la población de abejas al igual que otros insectos. Por otro lado la implementación de herbicidas crea malezas resistentes a los mismos y son denominadas “super-malezas” (en Estados Unidos aproximadamente 4 millones de hectáreas están infestadas por supermalezas) y ahora se propone que se introduzcan cultivos transgénicos aún más resistentes a los herbicidas (Bravo Elizabeth. 2014) lo que significa que la alteración del ecosistema importa poco.

Este modelo agroindustrial también ha generado problemas con el acceso a la tierra ya que gran parte de estas son destinadas para el cultivo de semillas transgénicas y se presentan hasta casos de expropiación, por otro lado, los campesinos han dejado de producir debido a que no pueden entrar a competir con las importaciones masivas de alimentos provenientes de otros países como Estados Unidos o de Europa, y están obligados a cultivar con semillas transgénicas ya que solo asì cumplen los estándares del mercado y pueden vender sus productos, en otras palabras estancan la producción nacional. Debido a estas problemáticas se han creado movimientos campesinos que exigen una reforma agraria que garantice el acceso a la tierra, al agua y las semillas (Leon Xavier. 2014).

Es una realidad que las personas tienen unos modelos establecidos sobre los productos que consumen, es decir, existen una serie de normas consciente o inconscientemente impuestas por el mercado y que los lleva a consumir en ese mismo sentido. En el caso de los alimentos, los consumidores exigen alimentos que sean visiblemente atractivos, que sean coloridos y perfectos, los productores de semillas transgénicas saben esto, y lo han seguido reproduciendo de forma efectiva. Ahora la producción campesina si no cumple estos estándares no puede vender sus productos.

Se ha visto que la producción de semillas genéticamente modificadas y de agroquímicos requieren de una inversión alta y constante, por esta razón, las investigaciones solo se llevan a cabo en los países desarrollados y los conocimientos de investigación asì como las patentes sobre Organismos Genéticamente modificados (OGM), son de propiedad de las grandes empresas. Las patentes son un sistema de negocio donde se le da al inventor, en este caso el inventor de las semillas transgénicas, un conjunto de derechos para que explote y divulgue su invención. Por esta razón, quien quiera hacer uso de esto debe tener los permisos y debe cumplir las reglas bajo los términos del autor. De cierta forma aquellos países que no tienen los recursos y la tecnología para lograr los avances sobre semillas transgénicas, son dependiente de los países que sí la tienen.

Las SGM en Colombia 

En Colombia, tras la aprobación del maíz y el algodón transgénico desde el 2002, se ha venido implementando estos dos tipos de semillas y la producción ha venido incrementando en los últimos años: el maíz pasó de 6 mil hectáreas en el 2007 a casi 40 mil hectáreas en el 2010. De estas producciones una parte está destinada al consumo humano y la otra parte para la producción agroindustrial de animales para el consumo de carne (Bonilla Fernanda. 2014)

El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) es el encargado de dar autorizaciones y emitir decretos para la implementación de las semillas transgénicas, para que se dejen de usar las semillas criollas por las semillas transgénicas. La resolución 970 del ICA (2010) dice: “Corresponde al ICA controlar el uso de las semillas con el objeto de evitar la utilización indebida y posibles perjuicios al estatus sanitario y/o fitosanitario del país” pero se puede pensar que el objetivo es disminuir el uso de semillas nativas con el fin de impulsar el uso de SGM de empresas extranjeras. La resolución 970 en ningún momento hace mención del uso de semillas nativas y mucho menos del sistema de mejoramiento genético natural de las comunidades campesinas ni de los indígenas.

La educación y la comunicación al público se contemplan en los artículos 36 y 37 del decreto 4525, pero las comunidades afectadas no han podido acceder a lo contemplado en estos artículos y tampoco se les tiene en cuenta en las tomas de decisiones, al contrario se aprobó la Ley 1032/06, que permite multar o llevar a la cárcel a cualquier persona o campesino que tenga semillas transgénicas sin pagar regalías a la compañía dueña de la patente. Esto es preocupante ya que no divulgan dicha información o normatividad, y un campesino o productor, puede incurrir en el incumplimiento de la misma sin tener conocimiento de ello. También cabe decir, que solo algunos medios de comunicación han divulgado informaciones que dan cuenta de los impactos negativos de las semillas transgénicas (Bonilla Fernanda. 2014).

Con esto se puede ver que el gobierno colombiano está imponiendo junto con las transnacionales como Monsanto, un sistema de producción que no se acopla a los sistemas de produccion tradicionales. Cabe resaltar que con el paro agrario (2013) a la vez que se divulgaba el “documental 970”[1] se logró llegar a un acuerdo en el que el gobierno nacional prometió que congelaría la resolución 970 pero el ICA, quien emitió la resolución, no se ha manifestado al respecto.

En conclusión, la implementación de semillas transgénicas no genera beneficios sociales, económicos ni ambientales, ya que está mediada profundamente por un modelo económico capitalista donde el único objetivo es lucrarse a costa de las personas, y los gobiernos han apoyado esto introduciéndola en el país, a la vez que impone leyes que solo benefician a las multinacionales extranjeras. Es claro que el surgimiento de la ingeniería genética prometía una vida mejor para las personas, pero al pasar el tiempo se fue volviendo un mercado cada vez más poderoso que le importaba poco el bienestar de las personas, antes que ayudar a la autonomía alimentaria de cada país lo que hizo fue debilitarla.

Las semillas transgénicas no son una simple semilla con ciertas características, sino que están ideadas para ingresar perfectamente en el sistema de producción capitalista, para que los campesinos y productores puedan sembrar cada vez mayores cantidades de alimento, pero a su vez compren los productos agroquímicos que requieren para su cultivo perdiendo autonomía en su producción, ocasionando grandes problemas económicos y sociales a los agricultores que no puedan acceder a este tipo de insumos y tecnologías.

Bibliografía.

  • BRAVO, E. Los cultivos transgénicos y los paradigmas científicos de los que emergen a la luz de los derechos de la naturaleza. : Genetically modified crops and the scientific paradigms from which they emerge in the light of the rights of nature. Letras Verdes. 16, 54-75, Sept. 2014. ISSN: 13904280.
  • LEÓN VEGA, XA. Transgénicos, agroindustria y soberanía alimentaria. : Transgenics, agroindustry and food sovereignty. Letras Verdes. 16, 29-53, Sept. 2014. ISSN: 13904280.
  • ALIMENTOS TRANSGÉNICOS Y DERECHO HUMANO A LA SALUD. (2007). Revista Selecciones de Bioética, (11), 53-67.
  • Pareja, E. I. (2002). Seguridad y riesgo de las plantas transgénicas. En E. I. Pareja, Plantas transgénicas: de la Ciencia al Derecho (págs. 27-77). Granada: EDITORIAL COMARES, S.I.
  • Harari, Y. N. (2014). De animales a dioses. En Y. N. Harari, De animales a dioses (pág. 209). España: ouse Grupo Editorial, S. A. U.
  • Instituto Colombiano Agropecuario (11 de Marzo de 2010). ICA (Resolución 000970).
  • Fernanda Bonilla (2014). ACCIÓN DE ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES FRENTE A LAS SEMILLAS GENÉTICAMENTE MODIFICADAS EN COLOMBIA. (Tesis de grado). Recuperado de: http://repository.urosario.edu.co/bitstream/handle/10336/5013/1018438233-2014.pdf;sequence=7
  • Arturo Escobar. (2014). La dispersión del poder: Fábulas de hambre y alimento. En La invención del desarrollo (163). Popayán: Editorial Universidad del Cauca.
  • Bonilla Francina, Pachon Natalia (2000). TRATAMIENTO LEGAL DE LA RESPONSABILIDAD DERIVADA DE LOS MOVIMIENTOS TRANSFRONTERIZOS DE LOS ORGANISMOS MODIFICADOS GENÉTICAMENTE. (Tesis de grado). Recuperado de: http://javeriana.edu.co/biblos/tesis/derecho/d

[1] Ver documental en: https://www.youtube.com/watch?v=kZWAqS-El_g&t=478s