XVIII Congreso Interamericano de Filosofía

La Sociedad Colombiana de Filosofía (SCF) y la Sociedad Interamericana de Filosofía (SIF) invitan a participar en el XVIII Congreso Interamericano de Filosofía, que se realizará en la ciudad de Bogotá – Colombia, del 15 al 18 de octubre de 2019.

MAYOR INFORMACIÓN EN:

http://www.socolfil.org/xviii-cif?fbclid=IwAR3Busgvr4goM5vkTklqKEEiowoVMMg5KYJf6-kbctXRL3Ha2sDH6JG65yE

Carla Cordua, la gran filósofa chilena

Autora de una veintena de libros y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en 2011, es la formadora, junto a su marido y otros académicos, del Centro de Estudios Humanísticos en la Universidad de Chile.

Es uno de los cerebros más famosos en Chile, filósofa y analista de gran trayectoria y reconocimiento en el pensamiento crítico. Cordua ganó el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en 2011 (compartido con su marido, también intelectual), además de decenas de otros honores. Hoy sigue trabajando, pasados los 90 años, y tiene una voz y visión de Chile, a través de la filosofía, que es tan aguda como certera.

Estudió en la Universidad de Chile, luego en Alemania, y luego de un periplo por Puerto Rico volvió al país en 1964 y formó, junto a su marido y otros académicos, el Centro de Estudios Humanísticos en la Universidad de Chile. Cordua se había casado a los 18 años, tuvo un hijo y rápidamente se divorció, para luego emparejarse con quien sería su dupla intelectual, Roberto Torretti.

Su expertise, dentro del pensamiento crítico de los siglos XIX y XX, incluye conocimientos de Hegel o Kant. Ha publicado decenas de libros, y si su punto de vista analítico puede revisar la más teórica y discursiva filosofía, también es una excelente escritora y analista de la actualidad nacional; aunque jubiló en 2011, sigue escribiendo y leyendo la prensa todos los días. Cree que su libro más logrado es, tras 15 años de investigación, El mundo ético: ensayos sobre la esfera del hombre en la filosofía de Hegel.

“¿Las tareas urgentes? Educar a todo el mundo. ¿No era lo que el movimiento estudiantil quería al principio? Lo segundo: enseñar a trabajar. Los niños deberían aprender que la vida no es un regalo. Enseñar a vivir es la tarea pendiente. Sería una enseñanza favorable al cambio”, dijo, por ejemplo, a La Segunda en 2014. Carla Cordua es una de pocas mujeres chilenas que se hacen un lugar en el eternamente masculino círculo intelectual nacional. Citada en estudios internacionales, Cordua explicó hace unos años a una revista: “He dedicado mi vida a aprender cosas y escaparme un poco del encierro de esta angosta geografía”. Hoy, a los 91 años, sólo da entrevistas sobre filosofía, porque dice no tener una biografía tan interesante.

Sobre el país hoy, y su necesidad de filosofía, declaró recientemente: “Por eso uno espera que se forme a los ciudadanos en la filosofía, para que justamente desarrollen ese tipo de capacidades, que sin duda hacen falta. En algún momento todos necesitamos tener la habilidad de preguntarnos, por ejemplo, por qué presuponemos que el crecimiento es bueno sin que suene como una pregunta estúpida. Ahí necesitamos el lenguaje y el razonamiento, para cuestionar los supuestos con que operamos. Esta no es una necesidad exclusivamente de los filósofos. Es tremendo cuánto nos hace falta disponer de estas habilidades reflexivas, críticas, que no son genéticas, sino culturales. Nunca en Chile habíamos necesitado tantos filósofos, nunca habíamos necesitado tanta filosofía”.

Tomado de:

http://www.t13.cl/noticia/tendencias/mujeres-bacanas-carla-cordua-gran-filosofa-chilena?fbclid=IwAR0zWWJNFnqoUUvV8sM_wPQm1CVWS7i_ePCcwfsj7G-cwkRPR42MYrNWduw

“La educación y la cultura actual van contra el pensar”

La filósofa Marina Garcés dice que la crisis actual de la civilización nace del miedo al futuro y de buscar seguridad basada en la fuerza. Así suben los autoritarismos.

Esta pensadora catalana publicó, a finales del año pasado, el libro Nueva ilustración radical (Nuevos cuadernos Anagrama) considerado como una actitud de combate contra las credulidades de nuestro tiempo y sus formas de opresión. Una gran reflexión sobre el autoritarismo, el fanatismo o el terrorismo y la razón de ser en la actual crisis de la civilización. La pensadora estuvo a comienzos de año en Colombia y SEMANA habló con ella.

Lea la entrevista completa en:

https://www.semana.com/cultura/articulo/entrevista-con-marina-garces-filosofa-espanola-autora-del-libro-nueva-ilustracion-radical/588074?fbclid=iwar33mf1pwuefspimlfdun5gyp_2i5lnhtd2wjhcglap5_tmqclotql5irte

 

DILEMAS EN SALUD: INVESTIGACIÓN EN DIÁLOGOS CON LAS CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS

 

La presente publicación contiene los resultados de la investigación de profesores y egresados vinculados al Área de Salud, Conocimiento Médico y Sociedad del Centro de Investigaciones sobre Dinámica Social (ClDS) de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia.
El trabajo muestra las tensiones y dilemas de ciertas prácticas en salud, y las demandas por la autonomía, la inclusión, la solidaridad y la justicia sanitaria. Dilemas y tensiones que están en los debates de la bioética y que exigen la integración y el diálogo entre los diferentes aportes epistemológicos y metodológicos de las ciencias sociales, la filosofía y las ciencias de la vida y la salud.
La presente edición de Cuadernos del UDS es un aporte a los dilemas en salud desde las ciencias sociales y humanas, Contiene las siguientes investigaciones: la naturaleza de los dilemas morales y la racionalidad práctica; enfrentar el propio diagnóstico desde la experiencia de los pacientes-médicos; la construcción de significados en torno a la intención del tratamiento en mujeres con cáncer; el análisis de los discursos de médicos y abogados en torno a los procedimientos del fin de la vida; la conspiración del silencio en familiares de pacientes con cáncer; las ideologías políticas de la salud; entre la desolación y el olvido: los trabajadores del hospital San Juan de Dios.
DISPONIBLE, PARA LA VENTA, EN EL SIGUIENTE ENLACE:
https://publicaciones.uexternado.edu.co/dilemas-en-salud-investigacion-en-dialogos-con-las-ciencias-sociales-y-humanas-salud-publica.html

PASIONES, VICIOS Y VIRTUDES (II). DOS ESCENARIOS CONTEMPORÁNEOS:LA CONSTRUCCIÓN DE LA SUBJETIVIDAD FEMENINA Y LAS NUEVAS FORMAS DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

Esta publicación da cuenta de la reflexión sostenida en el curso libre de extensión PAVIVIR Pasiones, vicios y virtudes, del Programa de Filosofía de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia, en torno a dos temáticas de amplio alcance y debate en el tiempo: La mujer y el arte. Se muestran las tensiones de dos escenarios del mundo contemporáneo en torno a la construcción de la subjetividad femenina en el presente y a la producción y sentido del arte contemporáneo.
Esta edición de Cuadernos del CIDS, en la primera sección, aporta a las disyuntivas sobre el significado de ser mujer, en el desplazamiento forzado, en las líderes políticas, en el embellecimiento del cuerpo, en la anorexia, en los mass media. En la segunda sección se abordan los límites del arte desde su conceptualización y producción, en las artes visuales, en la danza, en el performance, así como el recurso a la pulsión como elemento de análisis del arte.
Estos escenarios, de gran relevancia en el pensamiento contemporáneo, son leídos desde la filosofía en diálogo con el arte, con la antropología y la sociología, con las ciencias sociales y humanas en general y con otros saberes.
DISPONIBLE, PARA LA VENTA, EN EL SIGUIENTE ENLACE:
https://publicaciones.uexternado.edu.co/pasiones-44-vicios-y-virtudes-ii-dos-escenarios-contemporaneosla-construccion-de-la-subjetividad-femenina-y-las-nuevas-formas-del-arte-contemporaneo-sociologia-sociedad-y-cultura.html

¿Por qué pensar filosóficamente la educación en Colombia?

El grupo de investigación Filosofía, Educación y Pensamiento Crítico del departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia quiere colaborar con las actividades estudiantiles en defensa de la universidad pública colombiana.

Por esta razón, se les invita a aportar desde la filosofía o desde otras disciplinas a una reflexión sobre la importancia y valor de la educación pública en nuestro país.

Quien desee participar con una respuesta, puede enviarla al correo filosofiaeduccion.semillero@gmail.com en un documento cuya extensión no supere las dos cuartillas. Las respuestas se compilarán en un solo documento que, se espera, pueda ser compartido a la opinión pública como parte de las actividades realizadas por estudiantes y docentes universitarios dentro de la asamblea permanente en pro de la educación pública. 

Nota: Se recibirán respuestas hasta el día 26 de octubre de 2018

Sucesión del disentimiento de las cosas, por Juan Sebastián Guerrero

“(…) después de haber estado en el Putumayo, y es que en un primer momento, las relaciones que se dan con las personas deben fluir desde el querer conocer al otro (…)”

Salir a un lugar tan distinto a lo que acostumbro  habitar me hace pensar que cuando se vive algo que nada tiene que ver con lo cercano, el repensar es una necesidad que nace de la experiencia vivida de algo que, quizá, puede ser una experiencia nunca antes vivenciada hasta el momento de llegar a los lugares que estaban planeados en la salida, o por lo menos hablándolo en lo personal. El acercarse a las cosas en esos espacios parece ser un juego de prejuicios donde, a mi modo de ver, intento enmarcar lo que acontece ahí, bajo mi propio entendimiento, pero que realmente se trata de una escucha sensible a lo que se da ahí, y no de lo que preconcibo al llegar a un lugar sin haberlo habitado. Con escuchar no me refiero a escuchar lo que yo quiero oír sobre determinados temas, sino de que esas cosas hablen por sí solas para que se me facilite la comprensión de la información que se puede ir obteniendo a medida que se vive estando ahí.

A raíz de esto hay ciertas cosas que pienso después de haber estado en el Putumayo, y es que en un primer momento, las relaciones que se dan con las personas deben fluir desde el querer conocer al otro, pues en varios casos, el interés por lo desconocido es la razón principal para abrirse al diálogo que nos permite entender lo que sucede en la psicología del otro y ésta en relación al espacio que habita. En muchos casos no fui yo quien estableció la conversación, en muchos casos también fueron ellos quienes se interesaron por nosotros y en el querer saber qué hacíamos ahí. En muchos casos noté que existen intereses de saber de la vida del otro, y que independientemente del tema a tratar en la conversación, la misma conversación termina por fluir en una gran cantidad de temas, incluso muy delicados, como lo es el caso de la existencia de Dios o el duelo con la muerte.

Entendí que hay personas que viven de formas diferentes, personas que prefieren llevar una vida más espiritual, antes que trabajar por buscar grandes lujos o lo que parecen ser mejores formas de vida, también me hicieron caer en cuenta que en esa zona quien no se adapta al río, este termina por llevárselo, pues una cosa es la adaptación que tiene el indígena con el suelo y otra muy diferente el del citadino de Mocoa.

Estando ahí, uno se da cuenta que así como hay cosas que nos separan, el interés de conocer al otro se da por el simple hecho de querer saber si existen cosas en común, en entender que ambos sabemos algo, independientemente de los espacios que habitemos. Me topé con escritores, con malabaristas, con ingenieros petroleros, con personas que sobreviven al rio, con personas que quieren ser reconocidas, con personas que ganan mejor que un profesional sólo tendiendo camas… en fin, hasta caballos callejeros que te muerden si te les acercas, y lo más enriquecedor de toparse con todos estos seres, es el entender las lógicas que hay en estos espacios, en los cuales nada parece cumplir con la coherencia de lo teórico, en últimas terminé pensando que lo teórico muchas veces puede terminar siendo un idealismo, una ilusión de creer que las cosas son de una manera y no de otra; no obstante, como persona que reflexiona sobre los fenómenos que se presentan en la realidad, pienso que una conciencia de la realidad se tiene más clara si nos ponemos en la tarea de entender esos desconocimientos que bajo la lógica del contexto parecen tener mucho sentido, pero que para la lógica académica, o por lo menos la mía, nada tiene que ver con lo vivido ahí.

No digo tampoco con esto que no existan puntos de conexión, no, tampoco se trata de eso, pero realmente creer que toda la ciencia es aplicable a todos los lugares es estar sesgado, creer, por ejemplo, que todos los ecosistemas se comportan igual, cuando, en un lugar tan húmedo como lo es el Putumayo, la delicadeza del vivir ahí se vuelve un hábito, es sutil el trato con el entorno, pues es geológicamente un lugar muy inestable, y es por ese motivo que es mejor adaptarse a esos cuidados del saber dónde se están asentando las cosas.

Creo que hace falta un apoyo de la escucha, de trabajar voluntariamente y conjuntamente con estas personas, para establecer y determinar mejor académicamente lo que sucede en estos lugares bajo los términos que ellos quieran establecer y bajo los conceptos que mejor representen lo que se quiere dar a entender, pues por más de que en el fondo de la cultura que habita ahí existan lógicas y determinaciones claras, realmente no se encuentran estables, ya que son personas muy diferentes las que habitan esos lugares, pues bien diferentes sí son los colonos, los afro, los indígenas y los campesinos que viven ahí, todos con lógicas y entendimientos del espacio muy diferentes entre sí, a pesar de estar justo al lado, en el mismo territorio inestable.

Para ir finalizando, creo que fue un viaje de encantos y desencantos, pues me dejó emocionado y frustrado a la vez por la clase de filosofía experimental, pues me frustró porque creo que a la gente no le gusta que le califiquen sus fundamentos morales, y también creo que la determinación con la que la reflexión puede intentar expresar un hecho es algo tonto para la filosofía, por ahora en algunos aspectos,  y es que, ya entrando en la emocionalidad ¿qué se pretende con reconocer reflexiones de las experiencias de una persona , si es que nada de lo que se pueda pensar sobre un contexto es determinante en su totalidad?, ¿por qué no abrumarnos con las dudas que se presentan en los diferentes lugares y con las personas del cotidiano, y de qué sirve la filosofía de salón y de los grandes autores? Volviendo a la frustración, siento como si la filosofía sólo pudiese hablar de la comprensión de los conceptos que se generan de las abstracciones del aparente entendimiento de las cosas, y me avergüenza pensar que no se quiera correr el riesgo del no entender nada en un primer momento. Los códigos lingüísticos de los lugares, de los tiempos, de la educación, etc., son muy diferentes todos, y ¿qué tal si la filosofía se comprende mejor desde el sistema complejo que se vive en la realidad, y hasta dónde aquellas conceptualizaciones de las cosas son válidas para quiénes y en qué lugares?, pues varias veces sentía que las personas me respondían las cosas ideales que yo quería escuchar, y no la sinceridad del juicio con la que esas personas realmente habitúan su ser estando ahí.

Por otro lado, y en paralelo con la emoción y la frustración, creo que soy una persona enamoradiza, pues a pesar de que nada puedo decir de esa persona, se siente la frustración de que nada haya sucedido con ella, habiéndonos entendido bien hasta cierto punto, muchas veces el que nada haya sucedido se debe a que mis cambios temperamentales se dan sin razón alguna, mostrándome como un bicho raro ante ella, y es esto el principal problema que perjudica la relación con ella.

Viendo todo esto bajo estos dos temperamentos que sentía estando ahí, me di cuenta también que quizá yo hago que me gusten las personas, bien sea por amor, bien sea por el interés de conocerlos, y esto con el fin de lo que se sigue a esto, es decir, al desencantamiento, quizá suene masoquista, pero realmente es simple, quizá sea amor al sufrimiento, al no entender nada de lo que hago, a que las cosas me sigan sorprendiendo, al terrible vacío de toparse con uno mismo cuando sin darse cuenta, se ve uno en un espejo de misterios sin respuesta, sin alguna sensación de fortaleza estable, de creer que el propio pensamiento es una razón de seguir creyendo en el absurdo vivir de celos, de amistades transitorias, de marinero que se hunde en una barca llena de agujeros.

RAUDALES DE VIDA, por Omar Andrés Ortíz

“(…) no se trataba simplemente de viajar sino de velar por un interés del grupo, no actuar individualmente sino de ir por el camino juntos, juntas, acompañándonos (…)”

Hay muchas perspectivas desde las cuales podría hablar de la salida de campo al Putumayo con todo el grupo de ciencias sociales y humanas. Incluso, creo necesario tener presente que sin el conductor que nos llevó a cada sitio, nuestra salida no hubiese sido la misma. Se le notaba que tenía bastante experiencia recorriendo caminos que apenas yo empezaba a conocer. En verdad, resulta difícil, pero reconozco que no soy bueno recorriendo caminos. Me resulta arduo me dejo llevar por el camino, pero no utópico. Sin embargo, creo que este es un problema muy serio cuando se trata de conocer esos lugares que añoro desde la ciudad, lugares en los que lo importante no es sólo ese beneficio personal que haz en viajar, sino que además es un encuentro con amigos, colegas, personas nuevas, incertidumbres y reencontrarme con esos espacios amplios, colectivos llenos de bondades, vicisitudes y de esos caminos que no tuve oportunidad de conocer quién sabe por qué.

 

Es decir, no se trataba simplemente de viajar sino de velar por un interés del grupo, no actuar individualmente sino de ir por el camino juntos, juntas, acompañándonos, conscientemente de que no voy solo y que anduve con personas con las cuales irremediablemente generaría lazos afectivos, bien sea debido a las circunstancias, a mi temperamento, al propósito de aprender a trabajar en comunidad, sea cual sea el punto, es necesario disfrutar el camino que sin trecho recorrimos entre todos.

 

Y no me refiero a que la cosas hayan ido mal, de hecho, creo que sucedieron de una manera muy fructífera. Ante todo, creo que el trabajo que realizamos juntos fue muy gratificante, muy nutritivo, muy bondadoso en tantos aspectos personales, profesionales y sobre todo sociales y de esta humanidad que necesita tanto reencontrarse con esa parte más intuitiva, selvática, raudal… Y quiero hacer énfasis en lo social. A lo que me refiero es que el principal motivo que tuve o que en general como una expectativa muy mía de participar en salidas de campo es el aspecto de la sociabilidad. Aspecto que relaciono tanto en el entorno interno del grupo como en el externo, es decir, tanto entre las personas que estábamos allí como de nosotros con las poblaciones, zonas, caminos, lugares visitados.

 

Y, rememorando cómo están las discusiones sobre lo humano y lo social me resulta necesario aclarar que cuando hablo de lo uno tengo en cuenta al otro. Es decir, desligarme de lo social mientras hablo de lo humano es absurdo y contraproducente. Entre tanto, lo que me lleva a hablar de todo esto es precisamente que durante la segunda socialización que hicimos de las historias que logramos recoger de las personas afectadas por la avalancha de Mocoa del 1 de abril de 2017 y la reciente del 12 de agosto; pues mi ánimo se vio mellado cuando uno de los estudiantes socializó su experiencia en la cual habló con una señora que fue directamente afectada por la avalancha, quien perdió familiares en este suceso. No sé si fue la forma en que contaron la historia o si el hecho de que en la noche anterior viví la experiencia de oír bramar el río luego de una fuerte lluvia, la cual estuvo acompañada de relámpagos que caían tan cerca que se los destellos se veían de un color magenta muy vivo.

 

Recordaba que en la noche anterior hablamos del cambio que pudo haber generado la avalancha en sus habitantes… Su relación con el río había cambiado y lo que antes era la tranquilidad de dormir junto a un río se habría transformado en zozobra, intranquilidad. Eso era algo que se revelaba en muchas de las historias de la gente, una fuerte incertidumbre sobre el futuro y en unas ganas de vivir bastante apagadas. Ya no trabajaban por el futuro sino para sobrevivir a la crueldad del presente. Me pesó mucho conocer esta realidad, esta situación en la que se desconoce cómo relacionarse con esos excesos de aguas que posiblemente, antes se consideraba como algo bueno pero que ahora parece ser una especie de amenaza constante.

 

Comprender eso mismo desde la misma posibilidad de considerar la ausencia, el vacío que genera la misma naturaleza cuando avisa que va a allanar terrenos para sí misma, me invadió de desolación, de esa amargura que pide a gritos un poco de ternura, de esa ternura que fue arrebatada radicalmente pero que sobre todo a mucha gente de otras regiones del país puede resultarle como un suceso de menor consideración debido a que en las noticias dicen que “no fue tan” grave, que “nada más” fueron trecientos los muertos; como quien pretende minimizar lo sucedido acudiendo a cierto interés funcional para no perturbar demasiado la tranquilidad de los colombianos pero que, sin duda alguna, excluye y rechaza un realidad con la cual aún al día de hoy la población de Mocoa debe vivir.

 

Con aquel mismo ímpetu raudal que se asemeja la vida que pasa z que no vuelve sobre sí misma a pesar del desasosiego, la zozobra, las ganas de vivir, la nostalgia y la esperanza, siempre amanece, siempre hay un nuevo día a pesar del abandono estatal, gubernamental, de muchas entidades públicas.  Esa misma fuerza que me cuestionó profundamente en Puerto Limón, un municipio en el que vi, en el puerto, a una persona con muchas planillas sobre un escritorio en lo que parecía una oficina con tan solo dos paredes. Un puerto con una alta probabilidad de inundación, pero este no era el caso, el río sólo había crecido lo suficiente para generar aluviones.

 

Un puerto ubicado a pocos metros de que el río Mocoa encontrase su desembocadura en el río Caquetá. Pero con una multietnicidad que no se vería fácilmente en otro lugar. Población afro, indígena, campesina en un mismo lugar conviviendo. Una convivencia que no está exenta de tensiones entre sus mismos pobladores. Y en la que su historia de minería y petrolífera tienen connotaciones muy peculiares. La minera está prohibida, pero la explotación petrolera no. En aquel río que estaba un poco crecido ya no se encontraba tanta variedad de peces como cuando está más pandito nos contaba una habitante de Puerto Limón. Pero obviamente que cuando el petróleo contamina el río y las laderas de éste, no afecta a una sola población sino a muchas, en distintas proporciones. Allí hubo algunas tensiones que se reflejaron en el trabajo en grupo; fuimos conscientes de ello…

 

Un puerto que es mucho más pequeño que el de Puerto Asís. En Puerto Limón, este parecía estar dividido en dos, uno, el que está disponible para toda la gente y otro que parecía un parqueadero casi privado, o algo así. Intuyo esto porque había una barca sobre mástiles dispuestos en horizontal en plena construcción que hacia juego junto a una máquina de extracción, tecnología que no creo que sea tan de todo el mundo. La distinción no es evidente pero la tensión sí lo fue. Al encuentro salió un señor ya de edad, muy amable, eso sí, tanto con los hombres como con las mujeres. Fue un tipo muy peculiar, sobre todo porque nos avisó que allí habían muchos mosquitos. Tuve que aplicarme repelente como muchos más lo hicieron; mientras estábamos allí, buscamos refugio sobre lo que parecía un quiosco lo bastante grande para cubrir una balsa de 5 metros de larga pero lo suficiente baja como para que la retro-excavadora que estaba allí quedase a la intemperie. Luego de pasa esa lluviecita, retomamos el paso de vuelta a la plaza central. Y aquel señor muy majo nos hablaba de la gente afro y la gente indígena de una forma tan particular que llegó a molestarme.

 

Aunque el Puerto era pequeño, la incomodidad fue enorme. Contrario a lo sucedido en Puerto Asís, donde tuvimos la oportunidad de hablar con un buen señor luego de visitar su puerto. En éste había demasiadas canoas, tanto con motor como sin motor, incluso había ferrys y algunas barcas que parecían ser algún tipo de vivienda improvisada. Tan amplio era allí que incluso se veía una especie de bomba de gas para tanquear. Y el Magdalena espectacular exigía su propio espacio para andar por aquel lugar, al final de cuentas es el agua de estas tierras la que define muchas cosas alrededor de su naturaleza y de la forma en que se da la vida de las poblaciones ribereñas.

 

Sin lugar a dudas, nuestro conductor era uno entre muchos que han recorrido vías colombianas entre las que se cuentan tanto las pavimentadas como las pluviales y, además, aquellas no pavimentadas que son bastantes y que requieren de una experticia particular para recorrer el camino. Esos terrenos hacen parte de esa Colombia, que como en Mocoa, la naturaleza va abriendo paso, va dejando huella y que está constantemente sucediendo si detenerse. Es esa fuerza que se revitaliza en lo andado, en lo reconocido y el últimas en que no siempre es la misma.