Conclusiones salida de campo al Cauca.

Biblioteca de Guanacas en Inzá, Cauca Colombia.

“Blancos, indios y negros
una sola ilusión
Hijos de la misma tierra
Frutos de la misma flor
Cauca, Cauca
Nos une un pasado
un propósito y una intención
Voluntad de encontrar un camino
compartido hacia un mundo mejor”
(Fragmento himno del Cauca)

Pocas veces he podido escuchar un himno que haga tanta fidelidad al carisma de su gente, y a la voluntad de su tierra como lo hace el himno del Departamento del Cauca. Recién la semana pasada (del 1 al 9 de Abril), varios compañeros de la Universidad Externado de Colombia de la carrera de Trabajo Social y mi persona (estudiante del programa de filosofía), tuvimos la oportunidad de conocer las verdes, húmedas y fértiles tierras, de algunos espacios de los Departamentos del Huila y del Cauca, y en el presente documento relato algunas de las conclusiones e inquietudes que me han quedado de tan maravillosa experiencia.

Algunas de las intenciones que tenía al momento de realizar la salida de campo eran: por un lado, llevar a cabo un acercamiento a los métodos de trabajo de las ciencias sociales en general; por otro lado, realizar una aproximación a las poblaciones y creencias de estos lugares en particular; y fundamentalmente establecer un diálogo entre filosofía y las ciencias sociales y humanas, puesto que este ejercicio puede resultar esencial al querer entender nuestra compleja realidad social.
Adicionalmente la salida de campo estaba planeada con la intención de adquirir experiencias desde las ciencias sociales y humanas y las dinámicas interculturales e interétnicas en el reconocimiento del ejercicio profesional y la dinámica territorial, para identificar y hacer lecturas de aspectos del contexto sociocultural y socio-ambiental particulares de la región del Huila y del Departamento del Cauca; por otro lado se esperaba compartir experiencias propias con los pueblos originarios y campesinos del Cauca, al entablar diálogos de saberes con las comunidades para enriquecer los conocimientos sobre sus costumbres ancestrales y las relaciones interculturales; de igual manera se esperaba lograr una aproximación a procesos comunitarios y campesinos de Rivera y el Agrado Huila, reconociendo la problemática generada por la reubicación de los pobladores aledaños a la represa el Quimbo; y finalmente realizar un acercamiento para el análisis crítico mediante la lectura de contexto sobre diferentes problemáticas y dinámicas sociales características de las particularidades del país, tomando como referente la experiencia de la academia, el Estado, las organizaciones sociales en los escenarios visitados. He de mencionar que los objetivos planteados, en su gran mayoría, fueron cumplidos y por lo menos a mí me han dejado nuevas e interesantes inquietudes.
Más allá de la experiencia misma, del compartir y del vivenciar, quiero centrarme en tres elementos, que en mi opinión, sobresalen en el análisis de la salida de campo: por un lado, quiero rescatar algunas de las múltiples formas de resistencia que han desarrollado las distintas comunidades en los Departamentos en cuestión; por otro lado, pretendo señalar lo interesante y productivo que resulta la búsqueda que adelantan algunas comunidades de lo que desde allí se denominan como lo propio o lo originario; y finalmente señalaré algunos elementos, que en mi opinión, son una exigencia bastante fuerte que se les hace a estas comunidades a través de un amplio y complejo proceso de globalización en donde lo primero que sale a relucir es el olvido del aparato estatal en general.
Sobre las distintas formas de resistencia que identifiqué en la salida de campo quiero rescatar dos en particular: por un lado, la demostrada por los pobladores del municipio de San José de Belén, que hicieron lo posible, a partir de sus escasos conocimientos en normatividad jurídica, para que su iglesia –la Iglesia de San José de Belén-, que era considerada patrimonio cultural del Departamento del Huila, no fuera destruida en la construcción de la represa hidroeléctrica del Quimbo. Como tal, el ejercicio de resistencia de los pobladores no fue exitoso: la represa se construyó, la iglesia, en algunos elementos fue trasladada y en otros fue destruida, y ésta misma, en la voz de sus pobladores, cayó con dignidad, al caerse de espaldas y al no caer de frente, mostrando con esto la forma de resistencia del pueblo campesino, que a pesar de no poder con el poder las empresas transnacionales, no se da por vencida, y permanece en estado de lucha y supervivencia.
El otro ejemplo de resistencia que quiero señalar es el que surge como resultado del incumplimiento de los compromisos que asumió la empresa encargada de la construcción de la represa del Quimbo. En este sentido es importante señalar que la construcción de la represa del Quimbo afectó varios municipios, como Garzón, Tesalia, Altamira y Paicol, y a los pobladores de estos municipios, se les hizo el compromiso de llevar a cabo un restablecimiento de las condiciones económicas de los arrendatarios, mayordomos, paleros, areneros, partijeros, transportadores, comerciantes, contratistas, pescadores artesanales y piscicultores del área de influencia del proyecto. Sin embargo, dicho compromiso, a los ojos de muchos de los afectados, jamás se cumplió. De hecho, hubo mucha población que nunca fue reubicada y que en la actualidad se resiste a desaparecer, y por eso viven como población flotante, sin un territorio que les sea propio. A los anteriores cambios demográficos hay que agregarle los cambios relacionados con la economía que sufrieron dichas poblaciones. Por ejemplo, estas poblaciones sintieron que después de la construcción de la hidroeléctrica del Quimbo, la piscicultura fue una labor casi que imposible, y esto es el resultado de un cambio de las condiciones de vida que sufrieron los peces de la región. Por otro lado, está el hecho de que la agronomía también se dificultó como labor económica como resultado directo del calentamiento global y de los cambios geográficos producto de la construcción de la represa.
A esta población flotante, que cambia de lugar alrededor del municipio del Agrado, quiero expresarle mi profundo respeto por sus múltiples formas de resistencia, con las cuales intentan seguir sobreviviendo, a pesar de los conflictos que su estilo de vida genera en la región. Esta forma de vida itinerante, que en el fondo es una forma de resistirse a desaparecer, y que va acompañada por un reclamo de derechos, en el fondo lo que muestra, en mi humilde opinión, es la inoperancia de un sistema estatal en lo que tiene que ver con la defensa de los derechos de la población campesina. En este sentido me adhiero a su lucha, y considero que es fundamental seguir abogando por la construcción de un reconocimiento jurídico-normativo de su existencia como sujetos políticos de derechos. En este sentido es fundamental que nosotros, como población civil, reconozcamos la legitimidad y el valor que tiene la lucha que adelantan estas comunidades por sus derechos.
En lo que tiene que ver con la búsqueda de lo originario y de lo propio, quiero rescatar dos formas de trabajo que se adelantan en el Departamento del Cauca. Por un lado, encuentro muy interesante el trabajo que llevan a cabo las distintas comunidades indígenas que abogan por un reconocimiento de sus derechos y de sus territorios. Particularmente pienso en lo que se adelanta en un resguardo Nasa ubicado en Itaibe, donde se ha luchado por la implementación de un sistema de defensa del territorio, que esté asegurado por una guardia indígena, que es el sistema de defensa de territorio que estas comunidades consideran como idóneo. Esto lo plantean porque ellos reconocen, como población que históricamente ha sido afectada por el conflicto armado, que no quieren ser parte del conflicto, que no quieren tener nexos con las guerrillas, ni con el paramilitarismo, ni mucho menos con las fuerzas militares del Estado. Lo que ellos quieren es un territorio y a partir de él recuperar sus tradiciones, sus creencias, su gobierno, su lengua, etc. Esta forma de búsqueda de lo originario es muy valiosa, porque lleva en sí misma el ideal de la continuación y la preservación de las costumbres y tradiciones propias del pueblo Nasa, que está acompañado por la implementación de un sistema escolar y de salud, en el que se tiene en cuenta algunas directrices de las sociedades occidentales, pero que en el fondo, lo que intenta hacer es llevar a cabo un proceso de consolidación de creencias y de tradiciones.
Otro ejercicio interesante que se lleva a cabo en la recuperación de lo propio y lo originario tiene que ver con la Ala Kusreik Ya-Misak Universidad, que es un proyecto que se adelanta en el municipio de Silvia, Cauca, en donde lo que se pretende llevar a cabo es un reconocimiento y una recuperación de los saberes ancestrales. La Misak Universidad, como se le conoce, es una universidad de carácter indígena que se encuentra abierta a todas las personas sin importar su origen, y en la que se busca, de manera constante y continua, construir un sistema educativo en el que se recuperen los saberes, las tradiciones, la identidad y la cultura del pueblo Misak. La consecución de este proyecto se evidencia desde la construcción arquitectónica misma de la universidad, como en el sistema educativo que se ofrece, en la cual se estudia la cosmovisión, la identidad y el pensamiento Misak, y se contrasta con la educación de carácter universal que promueven las sociedades occidentales. La educación de la Misak Universidad se encuentra basada en cuatro principios fundamentales, que son el de escuchar, ver, pensar y hacer, y a su vez estos principios se encuentran transversalmente articulados por el conocido deber y derecho mayor de origen.
Lo interesante que nos arroja esta propuesta que aboga por recuperar lo originario, es que se tiene un concepto claro de que la identidad se logra construir con base en el territorio y en la conservación de las tradiciones. Pero no sólo esto, también se tiene en cuenta que existen otros muchos diferentes tipos de saberes, que son posibles de contrastar a través de un sistema de educación intercultural, que en el fondo lo que muestra es el deseo de la comunidad Misak por establecer un diálogo con otros saberes, pero no para dudar de su deber y su derecho mayor, sino para encontrar vías de diálogo y comunicación con otras perspectivas de entender el mundo. Sin lugar a dudas, ésta es una muy interesante postura sobre cómo adelantar realmente un diálogo intercultural de saberes.
En tercer lugar hay un elemento, que es quizás el que más me inquieta, que está presente en casi todos los territorios que tuvimos la oportunidad de conocer. Dicho elemento es el de las múltiples exigencias que el proceso de globalización, que se manifiesta de maneras muy diferentes en cada región, le hace a las poblaciones campesinas e indígenas. En este sentido pienso en tres elementos: Por un lado la exigencia que la construcción de la represa hidroeléctrica del Quimbo, auspiciada por la negligencia del Estado, le hace a una población de expresarse en términos jurídico-normativos, cuando estos, en su gran mayoría tienen conocimientos del agro, de la piscicultura y demás elementos propios de la región. Lo que en mi opinión ocurre en este caso es que se aplica un lenguaje que pareciese universal, como es el del derecho, a una población que se expresa a través de un lenguaje que atiende a otras particularidades. En este sentido pienso en Wittgenstein y la idea de que todos nos movemos en juegos de lenguaje diferentes, y esto es justamente lo que el Estado olvida: en lugar de poner las condiciones para un diálogo consensuado, deliberativo y de amplia participación, impone un tipo determinado de racionalidad sobre el que se desarrollan las negociaciones, y esto, de entrada, ya implica una desigualdad en las condiciones con que se establece el diálogo.
Por otro lado, pienso en la población del municipio del Agrado y particularmente del colegio La Merced, que ha vivido en carne propia las consecuencias de la construcción de las represas del Quimbo y de Betania. Esta población manifiesta que tras haber conocido la experiencia de la represa de Betania era ilógico pensar en la aprobación de la construcción de la represa del Quimbo, pero como sabemos ésta se construyó. Es más, incluso hay construcciones –como la nueva iglesia de San José de Belén- que ayudan en la construcción de la memoria histórica (una inquietud que me queda es si esto realmente ayuda en la consolidación de la consciencia histórica), pero que necesitan un acompañamiento en dicha construcción de la memoria histórica. Es en este sentido que me parece ilógico que en el colegio la Merced se hayan cancelado las cátedras de Historia y Geografía, que resultan esenciales para comprender el modo de vida que se desarrolla en el corregimiento y que ayudan a pensar sobre sí mismos, y en su lugar se haya impuesto cátedras como Electrónica, que lo que aparentemente buscan es un nuevo tipo de sujetos productivos que respondan a exigencias técnico-instrumentales, de una sociedad cada vez más industrializada. En este sentido pareciese que la educación no es más que un elemento que se instrumentaliza con la intención de generar población que sabe hacer –en el sentido técnico- pero que no es consciente del por qué o del qué es lo que realiza. En mi opinión este tipo de educación no coincide con las necesidades concretas de la región, sino con las exigencias técnico-instrumentales que el proceso de globalización impone.
En tercer lugar quiero rescatar los ejercicios que se adelantan desde la Biblioteca de Guanacas y desde la emisora comunitaria Radio Campesina, ambas ubicadas en el municipio de Inzá, Cauca. Desde allí se adelantan procesos que abogan por generar información, interrogantes, vías de comunicación, entre otras múltiples cosas, entre los pobladores de la región. En mi opinión son dos ejercicios muy interesantes porque se lucha por una construcción identitaria, construida a través del diálogo, y de la participación activa de la población. Estos ejercicios de diálogo compartido permiten pensar en un sistema de vida que más allá de estar basado en términos de necesidades compartidas, está pensado en una lealtad ampliada y compartida por la comunidad. Es decir, los ejercicios que evidencié desde estos dos lugares fortalecen las relaciones de la comunidad a través de la solidaridad y la participación, y no a través de la imposición de modelos hegemónicos de desarrollo. Esto, sin lugar a dudas, es una forma muy valiosa de llevar a cabo la construcción de sí mismo como comunidad.
Finalmente quiero expresar dos cosas: por un lado, que como científicos sociales hay muchas cosas que podemos hacer en la búsqueda de una convivencia más armónica, dialogada, con lealtad y en la que se respete el diálogo intercultural y la diferencia de costumbres y creencias. En este sentido invito a mis compañeros sociólogos, trabajadores sociales, antropólogos, historiadores, geógrafos, lingüistas y demás, a tener presente que las herramientas conceptuales que se estudian desde la academia, son eso, herramientas, que se deben poner a disposición de este tipo de problemáticas y de este tipo de alternativas de vida. Pero siempre teniendo en cuenta que los postulados teóricos no son la panacea universal, sino que son elementos que sirven como posibilidad de establecer un diálogo, basado en el respeto por las tradiciones, en el que lo fundamental es el establecimiento de relaciones de lealtad, de confianza y de mutuo entendimiento.
Por otro lado quiero expresar mi infinito cariño y profunda admiración a los pobladores de estos departamentos que nos recibieron con agrado, con sinceridad y con todo su carisma. Debo mi profundo respeto a los ejercicios de resistencia, de generación de conocimiento, de búsqueda de lo identitario y de lo propio, que cada persona adelanta desde su ser. Mil y mil gracias a la Miska-Universidad, al colegio la Merced, a la Biblioteca de Guanacas, a la emisora comunitaria Radio Campesina, al Resguardo Timbichuque, a las comunidades indígenas de San Andrés de Pisimbalá, a los pobladores de Tierradentro, Silvia, el Agrado, Santander de Quilichao, Itaibe, la Rivera, Totoró y demás lugares que se me escapan a la memoria. En verdad sus gentes representan, como lo dice su himno departamental, un propósito y una intención, una voluntad de encontrar un camino compartido hacia un mundo mejor.
Diego Andrés Casallas Herrera
Estudiante del programa de filosofía de la Universidad Externado de Colombia.

Dejar un comentario